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miércoles, 19 de septiembre de 2012

Anhedonia (Capitulo 19)

Fasciculo nro. 19 de la novela que el Club publica cada semana.
y como siempre, con la banda de sonido seleccionada por su autor, Bernabé Ferreyra.

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sección h

 dos semanas.

fui a buscarla a ana al hospital. saqué su cuerpo en una silla de ruedas. antes recordé fijarme si me olvidaba su alma en su habitación. metí en su ropa algunas pastillas y la llevé a la casa. la mantuve caliente y acompañada. le dí de comer sano para recuperar su cuerpo lleno de cicatrices.

 se parecían. las dos ya no podían aguantar, y tuve que cuidar por unos días de las dos.

 recordé palabras de alejandra.

recibe este rostro mío, mudo, mendigo,

recibe este amor que te pido.

recibe lo que hay en mí que eres tú.

lo había leído miles de veces. leí durante cuatro años de soledad los mismos cinco libros.

unos días después salí a caminar un poco. en realidad le tenía que pagar unas cuentas a marina.

si no pagaba esto le cortaban la luz, así que le dije que ya volvía y salí caminando. salí y caminé unas cuantas cuadras más hasta llegar a un lugar en el que me habían dicho que tenía que ir y al final tampoco tenían sistema. quedé algo decepcionada. al lado del local había una policía a la que le pregunté donde podía pagarlo y me dijo que en el centro. yo lo había evitado. tenía que hacer casi treinta cuadras para llegar. caminé en dirección a casa un segundo, pero me arrepentí y empecé a caminar en dirección al centro.

caminé despacio.

arrastraba los pies, al menos al principio.

caminé con las manos en los bolsillos.

me había vestido con unos jeans viejos y una remera azul.

acá todo es serenidad.

no me sentía débil. estoy casi segura. caminé despacio porque, bueno, tenía que caminar mucho y estaba sola en este pueblo de ancianos. de verdad, sentía que todo era algo así como ‘la casa de la abuela’. casas de verdad hermosas y simples, sin rejas. eran blancas, rojas y doradas por el sol. el cielo verde me daba sueño. se me vino a la cabeza, me acuerdo, que si quería podía dormirme la siesta en el césped de la entrada de cualquier casa y que nadie me iba a decir nada. simplemente acostarme en la tierra y dejar que la lluvia me derrita y me confunda con el césped porque estoy hecha de barro y mis partes son de hojas secas y raíces que dios arrancó para mantenerme de pié por mis propios medios.

no hice ni media cuadra y empecé a pensar. esta vez reflexioné mucho sobre la belleza de este lugar dormido.

por alguna razón miro mis pies y me doy cuenta de que no sé para qué siguen dando estos pasos tan insignificantes. a veces no entiendo para qué camino. no sé, es como, ‘estoy caminando…’, y… nada más… es como si estuviera caminando y pensara ‘estoy caminando’ pero no puedo entender que importancia tiene eso…

no sé si me explico.

es como que ahora camino, voy al centro a pagar. voy a donde están los autos y el humo y las personas que compran. y después vuelvo…

y después me acuesto.

y después me levanto.

y después camino hacia el baño.

me lavo la cara.

preparo la comida.

y después comemos.

y después esto.

y después lo otro.

no sé…

no sé si hay tiempo para hacer algo. o más bien no se si estoy haciendo algo. está bien, voy a comprar. está bien, voy a lavar la ropa. está bien, voy a comer algo. está bien, voy a hacer esto y lo otro. está bien, voy a bailar o a estudiar o a lo que sea.

me distraen esos detalles solo porque no hay nada. es como cuando alguien pretende que hay que ver la belleza de las cosas simples cuando en realidad esas cosas simples como mirar un ocaso o una flor no tienen nada, no valen nada, no importan. es como ver una película en la que no hay nada, nada de historia, ninguna acción, nada.

no es nada.

me distraigo.

a una cuadra de ahí había una florería. parecía linda. al lado había un vivero. se me ocurrió que podía preguntarles si podía trabajar ahí. pero no me animé. me dije que otro día lo hago. soy una planta.

mientras camino me doy cuenta de que me equivoqué. o no sé. es como si no existieran errores, y si existen está bien porque es bueno que haya errores. es tan bueno equivocarse como no equivocarse.

me dio un poco de hambre.

por equis razón se me ocurre que es un error pensar que las personas estamos sumidas en los negocios. como yo lo suelo ver, era como que todo el mundo está a la venta. pero es muy ingenuo pensar que las personas solo compran. me di cuenta que solamente basamos lo que sabemos en fragmentos de verdades. tenemos que limitar lo que miramos para definir algo. no solo somos maquinas de consumo y bienestar. miro a toda la gente en la calle, llegando al centro, y muchos están comprando, y es como cuando miro a la fila de un supermercado alas personas: están haciendo el equivalente contemporáneo a salir de caza. antes tenían que salir a atrapar o pescar su comida, y tenían que construir lo que tenían, y ahora compramos y trabajamos y todo eso. creo que una persona tiene un mayor síndrome de consumo y negación cuando no ve a la persona que te atiende, sino solo a los que están al lado comprando como uno. así es fácil criticar al consumo. se vuelve una auto-observación, y se niega a las personas que hacen posible nuestro accionar.

un momento después estoy dispuesta a volver caminando y me esfuerzo en no pensar nada. me esfuerzo en solamente ver las casas. después de un rato me distraigo todo el camino.

llego a la puerta y la toco. apoyo la cara en ella (hogar, dulce hogar). no me importa si la abren. subconscientemente pienso que no la van a abrir.

después me meto adentro y me quedo parada y marina me pregunta si estoy bien o algo. me dice que me quedé mirándola como quince minutos mientras ella miraba unas películas viejas sentada en el sillón. le digo si. me siento a su lado y bostezo como una enferma. me dice ana estuvo dormida todo el día. le digo está bien. por la tarde me quedo en mi habitación, revisando sola algunas cajas de fotos de marina. en una hay un hombre disfrazado de papá noel en la puerta de un almacén. les daba caramelos a los niños. en la foto le daba una paleta a un nene de cómo tres años que lloraba como un chancho en sus brazos. las semanas vuelan y las palomas no las alcanzan.
 
(Continua la prox. semana)
 

martes, 11 de septiembre de 2012

Anhedonia (Capitulo 18)

Fasciculo nro. 18 de la novela que el Club publica cada semana.
y como siempre, con la banda de sonido seleccionada por su autor, Bernabé Ferreyra.

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esta lila se deshoja,
desde sí misma cae

y oculta su antigua sombra.

he de morir de cosas así.

alejandra pizarnik, 'extracción de la piedra de la locura'.

hacía mucho frío.


sección i

el invierno es hermoso y triste. es seco. es vacío porque no hay nieve. solo hay frío y espera. no me confortaba esperarla en el hospital, ya se sabe.

 al tercer día, caminé por los alrededores, mirando los pájaros escondiéndose. necesitaba tomarme un baño. también necesitaba comer. caminé unas horas detrás del hospital. di varias vueltas por las mismas calles. mi estomago gritaba. busqué algún almacén o algo y esperé en una esquina, vigilando quien salía y quien entraba. una viejita salía sola con un carrito.

 la seguí. obviamente. no podía darme lujos como andar robando diamantes y jugando a escapar del interpol. cuando metió la llave en la puerta de su casa la detuve y la amenacé con una botella. empecé a revisar entre sus bolsas y le robé unas manzanas y galletitas.

en el fondo del hospital hay un árbol hermoso y entristecido. me senté en el y comí un poco.

me dormí mirando la ventana de la habitación en donde se encontraba ana.

desperté con una frazada tapándome el cuerpo del frío.
 
sección m
 
se llamaba marina.
estuvo tres años viviendo sola.
por dentro su casa era celeste y me invitó a pasar cuando traté de amenazarla otra vez con una botella. preparó unas ensaladas y me dijo que si quería podía bañarme. le dije:
pero no tengo otra ropa.
subimos a su habitación y me dijo que en unas cajas sobre su armario había ropa de su sobrina. dijo que no las podía bajar pero yo sí.
extrañaba bañarme y tirarme tranquila a dormir una siesta. extrañaba estar en casa. más bien, en una casa. es que no podía evitar sentirme tranquila. no podía evitar sentir ternura y cansancio. no puedo pasármela negando el afecto. gasto excesiva energía.
me conforta el silencio. me confortan sus charlas. nada más puro que la soledad compartida con una anciana.
esos días la acompañé a todos lados. a comprar al almacén, a visitar al doctor, incluso a cobrar la jubilación.
la seguí como un zombie. estaba al lado de ella, como una esclava en rehabilitación. sentía cierta protección materna de su parte debido a su fragilidad. me sentía muy cerca de ella y quería que me cuide porque ya no sabia a donde ir y qué hacer. me había liberado de todas las herramientas de las que disponía para lograr una vida cómoda.
la cuarta noche lloré dormida. sufría y mordía la almohada, tratando de extirpar con enorme rabia y desesperación estas decisiones de las que estaba dudado.
ella trató de despertarme y sin querer le golpeé el brazo. terminó tomándose unas pastillas para bloquear el dolor y despertó unas horas mas tarde con un moretón algo grande.
(continua la prox. semana)


lunes, 3 de septiembre de 2012

Anhedonia ( Capitulo 17)

Fasciculo nro. 17 de la novela que el Club publica cada semana.
y como siempre, con la banda de sonido seleccionada por su autor, Bernabé Ferreyra.

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sección a

miré el reloj.

las once de la noche.

había salido hace… media hora.

prendí la televisión y miré un poco. comí un poco de fideos. hace tanto que no comía que me cansó comer. me dolía la mandíbula y me salía sangre de los dientes.

las doce menos cuarto.

las doce menos cinco.

me la pasé nerviosa.

esperé y esperé, y a la una salí a la calle y caminé algunas cuadras. no sé a donde se habrá ido. caminé y caminé y se me ocurrió acercarme al shopping. caminé a su alrededor y escuché algunos gritos.

la habían destrozado. la golpearon mucho. le rompieron costillas y le golpearon la cara. llamé a las casas de esa calle y pedí que llamaran a una ambulancia.
 
(continua la prox. semana)

lunes, 27 de agosto de 2012

Anhedonia (Capitulo 16)

Fasciculo nro. 16 de la novela que el Club publica cada semana.
y como siempre, con la banda de sonido seleccionada por su autor, Bernabé Ferreyra.

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Sección c

nos sentamos en una plaza a comer pan. mirábamos las piedritas del suelo. comimos con las manos sucias, hace días que no nos bañábamos.

dijo hoy voy a conseguir mucha plata.

¿cómo?

me miró con ojeras y lágrimas negras. dijo vi a un policía antes de encontrarte. hoy a la noche quedate en algún lugar.

caminamos por la ciudad y encontramos una casa con la luz prendida. fácil. sus dueños se fueron de vacaciones o algo así. miramos para todos lados y nos colgamos. hace mucho no nos bañábamos. nos acostamos en la cama del señor y la señora y dormimos un poco. me levanté a las diez y cincuenta y cinco y le llevé el desayuno a la cama.


sección b

 quiero volver a pasar días durmiendo con ella.

quiero volver a eso.

a la calma.

quiero volver a no hacer nada más que mirar sus ojos porque estoy enamorada. quiero volver a abrazarla porque no soporto estar ansiosa por todo. lloro todos los días. fuera de esa casa era todo un invierno enfermo.

 se hizo de noche. sigo en este campito, mirando estrellas. llorando perdida entre el pasto. y no acaba. todos los segundos son clavos jugando a llamarme. la necesito porque no sé que hacer. ¿qué hago? ¿qué hago? quiero estar con ella. quiero estar con ella. quiero estar mucho con ella. quiero agarrarme de su ropa y no soltarla nunca. estuve toda esta noche pensando en ella. no pude dormir. la extrañé mucho porque sentía que nunca la había visto. me sentía sola y ahogada. se siente como cuando te taladran la cabeza o te meten en una picadora de carne. ¿estas con otras personas? me abruma que ya no seas vos. negás la ternura. solamente no quiero soltarte. quiero agarrarme de tu ropa y no soltarla nunca.



(continua la prox. semana)



lunes, 20 de agosto de 2012

Anhedonia (Capitulo 15)

Fasciculo nro. 15 de la novela que el Club publica cada semana.
y como siempre, con la banda de sonido seleccionada por su autor, Bernabé Ferreyra.

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 sección d

        las cinco de la mañana. caminábamos por la calle. con frío. me sentía muy mal. me sentía sucia y pobre. y con hambre. parecía una escena de esas películas de los años treinta, cuando no había trabajo y la gente dormía en la calle. periódicos volando por la calle llena de mugre. gente durmiendo en los bancos de la plaza, enfermedades. la sensación de que el abandono nos va a volver locos.

        había pensado que se la llevaban, que la atrapaban, pero ana salió antes para buscarme. al parecer la policía nos vio por las cámaras de seguridad, pero siempre llegan tarde.

       mientras caminaba me preguntó como conseguí las pastillas mientra jugueteaba con ellas con las manos llenas de mugre.

dije hice algo horrible.

¿qué hiciste?

tengo sueño.

     me miró cansada y un poco preocupada. no tanto.

     dije lo mordí.

     y después dije lo mordí. y vomité.

     no la miré, pero me acuerdo que tuve la sensación de que ana me miraba y proyectaba en mí cierta calidez maternal, algo que ahora sé que es verdaderamente improbable pero que en aquel momento me reconfortó un poco. me rodeó y sonrió. se sorbió la nariz y me dijo que teníamos que comer algo.

estas manos frías robaron pan y fueron condenadas de por vida. estas manos frías robaron frutas. estas manos frías. estas manos, estas.

no se me ocurría como conseguir plata. traté de hablarle de eso a ella pero cambiaba de tema. andaba deprimida. me dijo que la vida consiste en el funcionamiento del cuerpo. que es similar al funcionamiento de una televisión o una computadora o una licuadora. o sea que apreciar la vida es similar a decir ¡que bien funciona la tostadora! cuando dicen que la vida importa, ella ve en realidad a una maquina que dura una cantidad limitada de años y luego se la deshecha.

   miraba con los ojos en blanco al resto del mundo. yo estaba cansada porque hacía días que no dormía, y eso destroza mi comportamiento. es mucho mejor vivir dormida. así las ideas no se pierden. despierta no puedo hacer nada. despierta, los fantasmas no vienen. despierta me pierdo, hay mucho que hacer, y mi universo pequeño de cuentos mentirosos y traicioneros muestra sus dientes. sus colmillos no me dejan. mucho trabajo, mucho trabajo. pero no. los cuentos están hechos para cuando estoy dormida.

   recordé que cuando iba a la escuela me había enamorado de mi profesora y ella estaba enamorada de la poesía.
que tu cuerpo sea siempre

                                                        un amado espacio de revelaciones.

(continua la prox. semana)

martes, 14 de agosto de 2012

Anhedonia (Capitulo 14)

Fasciculo nro. 14 de la novela que el Club publica cada semana.
y como siempre, con la banda de sonido seleccionada por su autor, Bernabé Ferreyra.

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sección e


me levante y me dirigí al centro comercial. estaba muy aburrida y sola. no se me ocurría qué hacer con nadie. honestamente, las cosas que sé que puedo hacer con quienes conozco son muy limitadas. el mundo es muy limitado.

seguí a los chicos brillantina. había un tal juanma, una tal romii, una tal jess y un nerd al que le gritaban peter. no me acuerdo de todos, eran como diez.

por unas horas todo parece paranoico. parece que todo vibra. la música hacía que la cabeza de pedro (no me gusta su apodo) se retuerza y empiece a hablar de su nuevo interés por la neurobiología y la neuro-electrónica, del tipo ese que se puso un chip en la cabeza y de nuevas tecnologías para estimular las neuronas y así producir tacto y olfato artificial, que es lo que ese llama la última frontera del conocimiento científico. también me habló de algo así como inventar una máquina que preserve al cerebro con vida, alimentándolo con todos los químicos e impulsos que requiere para su funcionamiento, desligado del cuerpo, y así crear algo como la “vida eterna”, que sería más bien una “elongación de la vida en animación suspendida”. llegar a los doscientos años de vida del cerebro humano común. quedé aturdida porque me costaba seguirlo y la música estaba fuerte y yo estaba un poco nerviosa… el cuerpo me temblaba, no lo entendía. cada pequeña acción me revolvía el estomago. es como en esos dibujitos que están mal dibujados y a veces les ocurren desgracias como quedar encerrados o tener insomnio, y son tan bizarros y grotescos y asquerosos y la completa imposibilidad de resolver ese problema es tan asfixiante que empezás a tener miedo de que te pase lo mismo y creas que ya no sos capaz de dormir nunca más o que no podés seguir siendo parte de esta cadena claustrofóbica de hechos y conocimientos y palabras y todo eso que crees que tenés que saber o hacer y todo se junta y no podés salir, estás dentro de un auto sin puertas y te desespera tanto que te olvidás de soltar el acelerador, no puedo creer que todos sean unos fracasados menos yo, ves, ya estoy explotando, quiero salir de este caparazón, y no dejás de decir cosas y cosas y cosas y cosas y te cansás y cuando explotaste y pensás que la cosa ya pasó te das cuenta de que sigue y sigue, no me acuerdo qué era concentrarse, y cambia de canción y él sigue contándome y contándome, y yo le digo que todo eso es fascinante, consumista y comunistas tienen las mismas letras, el poder no se corrompe porque su base es la corrupción, qué interesante, pedro, ahora contame el cuento del caballo al que le pusieron un cerebro humano, contame de la hipnosis a un hombre que estaba muriendo, te lo conté, se moría y lo hipnotizaron, hablaba y todo, y después de tres días lo sacaron del trance y la autopsia registró que había muerto hacía un día y medio, se llama mesmerizar, no es tan divertido como cuando congelamos cucarachas, y te habla y te habla, dentro de la cabeza hay un “¡auxilio!” muy grande, ocupa una habitación blanca, me voy y le digo que estoy mareada, pentotal sódico, amital sódico, trapanal, secobarbital, pentobarbital, desoxiefedrina, MDMA, clorpromazina, pentotal, fenobarbital, barbiturato dietílico, dietilmalonilurea, prolixin, haloperidol, difenhidramina, sos una farmacia, me ahogaba, me atravesaba y me retorcía, me dolía tanto que ya no podía aguantar los gritos y el ruido y las risas y la cara de idiota de jess o de romii, las dos eran lo mismo, clorpromazina, pentotal sódico, trapanal, desoxiefedrina, MDMA, amital sódico, secobarbital, pentotal, fenobarbital, prolixin, barbiturato dietílico, pentobarbital, dietilmalonilurea, haloperidol, difenhidramina, no me acuerdo cuales elegí.

 salí de esa mierda de lugar y caminé cruzando la niebla y las calles húmedas.

 tuve la sensación de que alguien me perseguía y corrí cinco cuadras hasta el shopping.

 estaba la policía.

(continua la prox. semana)

lunes, 6 de agosto de 2012

Anhedonia (13ra Entrega)

  Fasciculo nro. 13 de la novela que el Club publica cada semana.
y como siempre, con la banda de sonido seleccionada por su autor, Bernabé Ferreyra.

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sección f

 hacía mucho que no miraba el cielo por la mañana.
      la vida se hizo blanca como la nieve.

     salimos de la estación abandonada, con nuestros cuerpos de sirenas nadando por la ciudad, y la ciudad era hermosa. flotábamos de un lado a otro. nos quedábamos sentadas en una plaza mirando para el lado en que el sol iba a salir.

    el mundo amanecía. las caras seguían apuradas. si seguía un minuto más en el mundo de esas personas iba a morir. literalmente. desde afuera todo es más frágil. veo a la gente caminar hacia donde no me interesa, y es como cuando a un perro lo llevan a dar una vuelta y hace las mismas cosas. olfatea los mismos árboles y orina en los mismos postes con toda tranquilidad porque ya se cansó de sentirse estrangulado tratando de escapar.

    miro a los pájaros y tienen una mejor vida que muchos de nosotros. imagino que para ellos ver la ciudad en buen estado o completamente destruida les da lo mismo. imagino que no tienen un concepto propio del orden o del caos.

   ¿será eso? ¿somos diferentes a los animales porque ordenamos y destruimos las cosas? ¿somos diferentes por tener intenciones? ¿somos diferentes por inventar conceptos? somos los únicos malos. somos el enemigo.

   siento que este día gris está perdido. el cielo va desapareciendo. te voy a decir algo del presente: estoy sentada en un campo mirando los pájaros, el cielo y el pasto. estoy escuchando al viento y tengo frío. estoy en una cancha vieja de futbol. hace rato que nadie la usa. el viento arrastra relojes y el tiempo sopla fuerte y solamente pienso que todo esto es muy raro. soy de una cultura que deja pasar el tiempo. no tiene sentido. ver los pájaros. verlos volar. comer. picotear. dormir. es totalmente aburrido. a lo que suelo dedicarme es a dejar que el tiempo se vaya. a estar en silencio. en ese entonces, tanto como ahora, tenía la costumbre de arruinar el momento con pensamientos para tratar de definir cosas que no sé de donde salieron. un pájaro es un pájaro, no es una metáfora. una historia es una lista de hechos, no es una enseñanza.

  viajábamos en auto y era solo eso. un auto y dos personas. la ciudad era una ciudad y no las ruinas de un imperio que nos quería controlar. y eso me molesta. pensé que no era inocente. una piensa que es inteligente o conciente, pero en unos años todas las cosas que decíamos se vuelven estúpidas.

  me dolía la espalda y un pie. me sentía enferma por el frío y además mis huesos querían romperse solos. nunca más íbamos a dormir en un lugar así. era preferible dormir en el auto. dimos algunas vueltas, cruzamos la ciudad. había un shopping frente a un hospital. nos estacionamos y compré medialunas y desayunamos en el auto. por la tarde nos metimos en el depósito del shopping y robamos papel. después subimos a la terraza y abrimos los paquetes. ana se sentó en el borde y empezó a tirarlos, pero se mareaba y me costaba sostenerla. se durmió y yo también, y cuando quisimos bajarnos por la noche, me di cuenta que no saqué la llave del auto, así que se lo llevaron. tampoco teníamos plata. fue un error molesto pero yo confiaba que ana iba a conseguir más. no sabíamos donde ir. volvimos a treparnos techo, mirando la ciudad desde arriba.

   éramos como dios, pero muerto de hambre.
   el mundo que creamos ahora se hizo raro.
   
   dejamos a nuestros hombres caminar libres por el mundo, pero crearon sus propias prisiones.
    
   cajas gigantes de madera, hierro y piedra.

   un tejido de concreto que visten los caminos del mundo.

   los bajamos del cielo y ellos insisten en trepar rascacielos tratando de alcanzarnos, tratando de tocar nuestros pies como si eso los pudiera sacar de si mismos.

   ellos solamente quieren salir del lugar donde los dejamos para ser libres.

  ¿tanto pueden odiar el mundo?

  ¿de verdad es tan malo el mundo que les dimos?

  pensamos que lo habíamos hecho bien.

pensamos que al humano le iba a gustar los bosques, los océanos, los desiertos, las montañas, los árboles, los animales de los que dejamos que se sirvan para alimentarse entre ellos.

¿hicimos mal a los animales?
¿hicimos mal a los cerdos, las gallinas, las ovejas, los frutos?
pensamos que siendo dios no nos equivocaríamos.
¿hicimos tan mal a las personas?
¿hicimos muy mal en hacer que las personas sean diferentes?
¿fue un error tan grave?

     a veces nos gustaría que esas personas nos lo dijeran.

cuando podíamos, sacábamos comida de los almacenes del shopping y por la noche tratábamos de continuar con nuestras vidas como un dios que son dos personas juntas mirándolo todo en la soledad. hablábamos pero nos daba la sensación que nos da cuando nos pasamos el día hablando con nosotros mismos y pensamos que nos estamos volviendo locos, que sufrimos de personalidades múltiples que se llevan bien y que son autoconscientes. tiene sentido que dios sean dos siamesas. somos agua. pienso que dios es el sol y el diablo es el fuego. el diablo no es el mal, es la ilusión de dios, es un dios artificial. dios es el sol. imagino que adoramos al dios sol porque cuando aprendimos a manipular el fuego sentimos que lo traicionamos, que lo dejamos de lado. por eso se habla tanto de fidelidad. el primer pecado fue traicionarlo. primero fue el huevo. los primeros seres vivos se formaron en cadena y su forma de adaptarse al entorno era muy rígida, con protocolos para nada maleables. en el momento en que uno se volvía maleable, buscaba la forma de generarse un caparazón no para protegerse, sino para dominar al menos un espacio del mundo. no siempre fuimos capaces de distinguir entre nosotros y el ambiente que nos rodea. en el principio era el mar y el cielo. el cielo azul era dios, el color original, la verdadera naturaleza, y el mar era un espejo del cielo, no tenia color pero quería copiar a dios, quería copiar su color original, dios era el creador y el hombre era una burda copia de algo que no contenía nada más que color.

    no podía seguir así. no dormía para nada bien. me dolía mucho el hombro por dormir de costado. siempre duermo boca abajo. caminé por el techo del shopping, eran como las cinco de la mañana. el cielo era celeste oscuro y todo estaba húmedo y frío me quedé parada, escuchando los pájaros, los autos, las gotas de lluvia, el tren a lo lejos… cerré los ojos para escuchar, a ver qué más había. el aroma de la lluvia me hizo recordar cosas. la verdad, cosas de la escuela. detalles. en los días de lluvia el olor era el mismo que cuando cruzaba por el túnel bajo las vías del tren. el mismo de cuando llegaba a clases tarde para no formar.
     hace mucho que no pienso en la escuela. me cuesta acordarme de esas cosas. ya no me acuerdo qué era lo que hacía para dejar pasar el tiempo.

mi espalda cruje. ya no se sabe cómo funciona mi cuerpo. ana no sabe que siempre me duele. no sabe que a veces me agarra una puntada en la vejiga. no sabe que a veces me duelen las manos.
me acuerdo de que una vez yo leía en el escenario y una amiga llamada Gaby me dijo que un chico me miraba, y me acuerdo que me quedaba pensando qué era lo que hacía la gente que yo consideraba interesante. sabía que no era salir de noche a bailar y tomar alcohol porque no era divertido. el sexo me parecía algo trillado. por dentro pensaba que debían estar haciendo otras cosas que yo no sabía que existían o que se podían hacer. creo que lo interesante de esas personas era que tenían secretos. y en mi cabeza funcionaba como si fueran las personas más interesantes del mundo. quien sabe. lo más inteligente que podía hacer de mi parte era hacer lo mismo que ellos. inventarme a mi misma como una persona interesante. no sé bien de qué me sirvió eso, pero ya casi no importa. la escuela terminó ahí y ya nadie se acuerda de nadie. apenas me acuerdo de mis compañeros y chicos que me gustaban.

    pienso que todos nos preguntamos que estarán haciendo las otras personas de sus vidas. tal vez por eso estoy escribiendo esto. porque pienso que a alguien le interesa, que alguien quiere saber qué es lo que hice. y no sé qué responderle.
se había hecho de noche. nos iluminaban todas las luces de la ciudad. miles de colores y texturas, miles de soles en la tierra. no había estrellas. parecía que el cielo y la tierra habían cambiado de lugar. la cara de ana se iluminaba de rojo intermitentemente por la luz de la antena. ella dormía.

     bajé del cielo y la dejé ahí arriba por un rato. caminé por las calles con las manos en los bolsillos y con una mirada desolada. no podía creer la forma en que estaba paseando por el mundo, caminando en la nada, sin nada que hacer, nada que ganar, nada que perder, nada que ofrecer. escuché las sirenas de las patrullas pasando cerca, gritándole a la noche, ahuyentando espíritus de cientos de años, de salvajes que pisaron el suelo que se encuentra justo debajo del concreto de la calle donde camino. el silbido de los colectivos y el motor de los autos a lo lejos en forma de zumbido, como un manto sonoro parejo y constante, como las olas del mar por la noche. como miles de personas aplaudiéndole a una pared, o como miles de conversaciones de desconocidos en la calle, o como miles de palabras que salen desesperadas de las bocas de los escolares cuando llega el intervalo. un torbellino de ruido eterno, un fondo de sonidos de grillos y otros insectos que nos arrullan hasta que cerramos los ojos y dejamos que el mundo nos trague.

    mis pasos resonaron un buen rato. tenía mucho miedo. siempre le tuve miedo a la noche. me senté frente a una cafetería un rato, mirando al cielo y a la poca gente que pasaba. eso lo recuerdo bien. una pareja con olor a alcohol. un grupo de amigos que me miraron y no dijeron nada. una pareja con dos niños chiquitos y un bebé llorando. un grupo de chicos color brillantina que me invitaron a bailar. una chica hablando por celular. dos chicos que empezaron a revisar las bolsas de basura a pocos locales de distancia.


(continua la prox. semana)