Hemos iniciado con la hermosa Itziar (en vivo y directo desde España) un proyecto de escritura e intercambio de correspondencia de ficción, y nos gusta mucho como esta quedando!
Consiste en una serie de cartas que dos personajes, Ricardo, escrito por mi, y Ágatha, escrito por Itziar, se mandan cada jueves.
La regla principal es no saber que escribirá el otro hasta verlo publicado en el blog, y recién se puede contestar la próxima semana.
No hay limites de temas o géneros.
Son cartas, y fluyen como tal.
Los invito a vivir esta experiencia junto con nosotros.
Fasciculo nro. 19 de la novela que el Club publica cada
semana.
y como siempre, con la banda de sonido seleccionada por su autor,
Bernabé Ferreyra.
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sección h
dos
semanas.
fui
a buscarla a ana al hospital. saqué su cuerpo en una silla de ruedas. antes
recordé fijarme si me olvidaba su alma en su habitación. metí en su ropa
algunas pastillas y la llevé a la casa. la mantuve caliente y acompañada. le dí
de comer sano para recuperar su cuerpo lleno de cicatrices.
se
parecían. las dos ya no podían aguantar, y tuve que cuidar por unos días de las
dos.
recordé
palabras de alejandra.
recibe
este rostro mío, mudo, mendigo,
recibe
este amor que te pido.
recibe
lo que hay en mí que eres tú.
lo
había leído miles de veces. leí durante cuatro años de soledad los mismos cinco
libros.
unos
días después salí a caminar un poco. en realidad le tenía que pagar unas
cuentas a marina.
si
no pagaba esto le cortaban la luz, así que le dije que ya volvía y salí
caminando. salí y caminé unas cuantas cuadras más hasta llegar a un lugar en el
que me habían dicho que tenía que ir y al final tampoco tenían sistema. quedé
algo decepcionada. al lado del local había una policía a la que le pregunté
donde podía pagarlo y me dijo que en el centro. yo lo había evitado. tenía que
hacer casi treinta cuadras para llegar. caminé en dirección a casa un segundo,
pero me arrepentí y empecé a caminar en dirección al centro.
caminé
despacio.
arrastraba
los pies, al menos al principio.
caminé
con las manos en los bolsillos.
me
había vestido con unos jeans viejos y una remera azul.
acá
todo es serenidad.
no
me sentía débil. estoy casi segura. caminé despacio porque, bueno, tenía que
caminar mucho y estaba sola en este pueblo de ancianos. de verdad, sentía que
todo era algo así como ‘la casa de la abuela’. casas de verdad hermosas y
simples, sin rejas. eran blancas, rojas y doradas por el sol. el cielo verde me
daba sueño. se me vino a la cabeza, me acuerdo, que si quería podía dormirme la
siesta en el césped de la entrada de cualquier casa y que nadie me iba a decir
nada. simplemente acostarme en la tierra y dejar que la lluvia me derrita y me
confunda con el césped porque estoy hecha de barro y mis partes son de hojas
secas y raíces que dios arrancó para mantenerme de pié por mis propios medios.
no
hice ni media cuadra y empecé a pensar. esta vez reflexioné mucho sobre la
belleza de este lugar dormido.
por
alguna razón miro mis pies y me doy cuenta de que no sé para qué siguen dando
estos pasos tan insignificantes. a veces no entiendo para qué camino. no sé, es
como, ‘estoy caminando…’, y… nada más… es como si estuviera caminando y pensara
‘estoy caminando’ pero no puedo entender que importancia tiene eso…
no
sé si me explico.
es
como que ahora camino, voy al centro a pagar. voy a donde están los autos y el
humo y las personas que compran. y después vuelvo…
y
después me acuesto.
y
después me levanto.
y
después camino hacia el baño.
me
lavo la cara.
preparo
la comida.
y
después comemos.
y
después esto.
y
después lo otro.
no
sé…
no
sé si hay tiempo para hacer algo. o más bien no se si estoy haciendo algo. está
bien, voy a comprar. está bien, voy a lavar la ropa. está bien, voy a comer
algo. está bien, voy a hacer esto y lo otro. está bien, voy a bailar o a
estudiar o a lo que sea.
me
distraen esos detalles solo porque no hay nada. es como cuando alguien pretende
que hay que ver la belleza de las cosas simples cuando en realidad esas cosas
simples como mirar un ocaso o una flor no tienen nada, no valen nada, no
importan. es como ver una película en la que no hay nada, nada de historia,
ninguna acción, nada.
no
es nada.
me
distraigo.
a
una cuadra de ahí había una florería. parecía linda. al lado había un vivero.
se me ocurrió que podía preguntarles si podía trabajar ahí. pero no me animé.
me dije que otro día lo hago. soy una planta.
mientras
camino me doy cuenta de que me equivoqué. o no sé. es como si no existieran
errores, y si existen está bien porque es bueno que haya errores. es tan bueno
equivocarse como no equivocarse.
me
dio un poco de hambre.
por
equis razón se me ocurre que es un error pensar que las personas estamos
sumidas en los negocios. como yo lo suelo ver, era como que todo el mundo está
a la venta. pero es muy ingenuo pensar que las personas solo compran. me di
cuenta que solamente basamos lo que sabemos en fragmentos de verdades. tenemos
que limitar lo que miramos para definir algo. no solo somos maquinas de consumo
y bienestar. miro a toda la gente en la calle, llegando al centro, y muchos
están comprando, y es como cuando miro a la fila de un supermercado alas
personas: están haciendo el equivalente contemporáneo a salir de caza. antes tenían
que salir a atrapar o pescar su comida, y tenían que construir lo que tenían, y
ahora compramos y trabajamos y todo eso. creo que una persona tiene un mayor
síndrome de consumo y negación cuando no ve a la persona que te atiende, sino
solo a los que están al lado comprando como uno. así es fácil criticar al
consumo. se vuelve una auto-observación, y se niega a las personas que hacen
posible nuestro accionar.
un
momento después estoy dispuesta a volver caminando y me esfuerzo en no pensar
nada. me esfuerzo en solamente ver las casas. después de un rato me distraigo
todo el camino.
llego
a la puerta y la toco. apoyo la cara en ella (hogar, dulce hogar). no me
importa si la abren. subconscientemente pienso que no la van a abrir.
después
me meto adentro y me quedo parada y marina me pregunta si estoy bien o algo. me
dice que me quedé mirándola como quince minutos mientras ella miraba unas
películas viejas sentada en el sillón. le digo si. me siento a su lado y
bostezo como una enferma. me dice ana estuvo dormida todo el día. le digo está
bien. por la tarde me quedo en mi habitación, revisando sola algunas cajas de
fotos de marina. en una hay un hombre disfrazado de papá noel en la puerta de
un almacén. les daba caramelos a los niños. en la foto le daba una paleta a un
nene de cómo tres años que lloraba como un chancho en sus brazos. las semanas
vuelan y las palomas no las alcanzan.
Fasciculo nro. 18 de la novela que el Club publica cada semana.
y como siempre, con la banda de sonido seleccionada por su autor, Bernabé Ferreyra.
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esta lila se deshoja,
desde sí misma cae
y oculta su antigua sombra.
he de morir de cosas así.
alejandra pizarnik,
'extracción de la piedra de la locura'.
hacía mucho frío.
sección i
el
invierno es hermoso y triste. es seco. es vacío porque no hay nieve. solo hay
frío y espera. no me confortaba esperarla en el hospital, ya se sabe.
al
tercer día, caminé por los alrededores, mirando los pájaros escondiéndose.
necesitaba tomarme un baño. también necesitaba comer. caminé unas horas detrás
del hospital. di varias vueltas por las mismas calles. mi estomago gritaba.
busqué algún almacén o algo y esperé en una esquina, vigilando quien salía y
quien entraba. una viejita salía sola con un carrito.
la
seguí. obviamente. no podía darme lujos como andar robando diamantes y jugando
a escapar del interpol. cuando metió la llave en la puerta de su casa la detuve
y la amenacé con una botella. empecé a revisar entre sus bolsas y le robé unas
manzanas y galletitas.
en
el fondo del hospital hay un árbol hermoso y entristecido. me senté en el y
comí un poco.
me
dormí mirando la ventana de la habitación en donde se encontraba ana.
desperté
con una frazada tapándome el cuerpo del frío.
sección m
se
llamaba marina.
estuvo
tres años viviendo sola.
por
dentro su casa era celeste y me invitó a pasar cuando traté de amenazarla otra
vez con una botella. preparó unas ensaladas y me dijo que si quería podía
bañarme. le dije:
pero
no tengo otra ropa.
subimos
a su habitación y me dijo que en unas cajas sobre su armario había ropa de su
sobrina. dijo que no las podía bajar pero yo sí.
extrañaba
bañarme y tirarme tranquila a dormir una siesta. extrañaba estar en casa. más
bien, en una casa. es que no podía evitar sentirme tranquila. no podía evitar
sentir ternura y cansancio. no puedo pasármela negando el afecto. gasto
excesiva energía.
me
conforta el silencio. me confortan sus charlas. nada más puro que la soledad
compartida con una anciana.
esos
días la acompañé a todos lados. a comprar al almacén, a visitar al doctor,
incluso a cobrar la jubilación.
la
seguí como un zombie. estaba al lado de ella, como una esclava en
rehabilitación. sentía cierta protección materna de su parte debido a su
fragilidad. me sentía muy cerca de ella y quería que me cuide porque ya no
sabia a donde ir y qué hacer. me había liberado de todas las herramientas de
las que disponía para lograr una vida cómoda.
la
cuarta noche lloré dormida. sufría y mordía la almohada, tratando de extirpar
con enorme rabia y desesperación estas decisiones de las que estaba dudado.
ella
trató de despertarme y sin querer le golpeé el brazo. terminó tomándose unas
pastillas para bloquear el dolor y despertó unas horas mas tarde con un moretón
algo grande.
La
mañana de navidad se coló en mis sueños el ruido de mis primos chicos corriendo
por el piso de arriba, disfrutaban de los juguetes que les había dejado el niño
dios o el gordo vestido de rojo, era difícil saber a quién respondía la
imaginación de cada uno, pero el caso es que se divertían desde el amanecer. Abrí
los ojos cuando alguno de los niños impactó su cabeza contra el muro y soltó el
llanto. Lo primero que vi fue un pequeño ratón gris que estaba tan sorprendido
como yo, él se quedó mirándome desde la mesa de luz, devoraba las orejas de un
conejo de chocolate dejé a medio comer la noche anterior. Sus ojos eran casi
blancos, quizá era el nieto de una rata de laboratorio, no parecía asustado o
estar sosteniendo tremendo pedazo de chocolate le daba mucho valor. Los gritos
de mi tía frenando la catástrofe infantil se impusieron sobre los demás ruidos
y al instante siguiente el ratón dio un salto hacia atrás del librero, salió
corriendo por un hoyo de la ventana que estaba precariamente tapiada con un
bastidor de bolsas plásticas. Un año atrás nos habíamos mudado a la casa de mi
abuela. en calidad de refugiada, mi familia fue a parar al piso de en medio de
esa gran obra en construcción. La víspera navideña dio paso al día de día de
reyes, se colaba el frío de los primeros días de enero, el olor a romeritos con
mole y bacalao todavía se subía por los azulejos de las cocinas en el barrio de
santo domingo. En esa casa uno se despertaba con el cacarear de las gallinas,
los gritos de la vecina y algunas noches de fin de semana todavía se escuchaban
balas perdidas.
El
compromiso de volver a aquella mesa llena de gente parecida entre sí me pesaba
cada vez más al calzarme las pantuflas y ponerme el suéter. los niños siempre
me mantuvieron a salvo, jugando con
ellos encuentro refugio, en el lego, en las pistas de carreras, en el hornito
mágico y en sus sonrisas. El rompecabezas de dos mil piezas que pidió mi primo,
el más grande, me permitió cruzar pechotierra la hora de la comida. Con una
mano sostenía en el plato lleno de pavo, puré de manzana y ensalada. Con la
otra separaba las piezas en grupos, hojas, cortezas y lianas de la selva
lacandona, así dieron las tres de la tarde. Después del banquete la abuela me
mandó a guardar las ollas grandes a la covacha, ese era el castigo por no
crecer, por divertirme con los chiquitos mientras los adultos se ocupaban de
las cosas importantes. Tres pisos arriba, en la azotea, se respira otro aire:
algo de pólvora de los cohetes, trapos secándose al sol y villancicos hechos
cumbia. En el cuarto de triques el martillo viejo había quedado tieso a la
mitad de su historia, el cepillo de madera del abuelo con el filo oxidado
parecía lanzar un grito hacia la caja de herramientas. La tapa del baúl de
madera pesaba cada uno de los años que tiene en la familia, al levantarla un
enjambre de cucarachas se atropellaron saliendo entre los huecos. uno de los
bichos, el más gordo, subió por la pared interna directo hacia mí, sin pensarlo
solté la tapa, que al caer levantó todo el polvo turbio de secretos guardados
en el fondo de esas ollas, después de la tos y el asco pude depositar los
cacharros en el fondo de aquel ataúd.
Desde
la planta baja el olor de chocolate con canela y del pan de naranja despertaba
de nuevo a los comensales hechos unas fieras, la gente enloquecen cuando están
por terminarse las fiestas religiosas. como nadie quiere que se acabe el
festejo la masa de maíz les rinde mes y medio más, los tamales rellenos de
salsa y carne se cocinan en un aparente punto final que llega el 2 de febrero,
con la celebración de la fiesta de la candelaria. Este acontecimiento solo le
abre paso a la siguiente temporada, la del carnaval. Pero en lo pagano no hay
despilfarro, cesan las promociones y descuentos, así se diluye en la rutina
diaria la fiesta de la carne. Ese día cortamos la rosca de reyes y como cada
año entre gritos de asombro y trampas se escondía el niño dios en el pan. Con
la panza rebosante mandaron a los niños a dormir una siesta, de pronto el único
lugar tranquilo era frente al lavadero entre las torres de platos con restos de
fruta seca y tazas con leche cuajada. Todos me preferían lejos, así los dejo
tranquilos con sus lamentos, pero desde la cocina se escuchaban las novedades:
que el embarazo fallido de la vecina, que la tía socorro empezó la quimio, que
al abuelo de Juan le encontraron cataratas… y así se van actualizando entre
todos el catálogo de las desgracias.
Exhausta
y con las manos arrugadas por el agua caliente pedí disculpas para irme antes
de la reunión. Entré a mi cuarto y todo
olía a fresas con chabacano, mi loción para después del baño, pero el frasquito
no estaba en su lugar y yo no había entrado ahí en todo el día. Retiré las
cobijas de la cama para acostarme a leer y reposar tanta comida. Justo en medio
de las sábanas con la cola roja bien parada un alacrán me saludaba con su
mirada de piedra. Antes de que poder gritar, escuché un sollozo que venía de
otra habitación se iba acercando mi puerta. Escuché a mi prima diciendo mi
nombre, ella se había ausentado antes que yo del festín pero no se disculpó. Cuando
abrí la puerta mi palidez y sus ojos enrojecidos hacían un contraste de
película de terror. Me jaló del brazo para conducirme por el pasillo mientras
me decía: – ven un momento, necesito saber si algo de esto es tuyo –. En la
habitación del fondo vivía su prometido que en realidad pasaba todo el día en
la casa de ella, pero había que cuidar las apariencias, evitando a toda costa
que durmieran juntos antes de la boda. lo que vi debajo del colchón de Rodolfo fue
una broma macabra, un rompecabezas de prendas intimas y no tanto, todas mías y
despidiendo ese olor de fresa con chabacano. Cada una con rastros de semen, más
o menos fresco.
Recordé
las palabras de la abuela maría sobre los bichos rastreros, ellos vienen para
advertirnos o protegernos de problemas con lo íntimo de las mujeres. Los ojos
de mi prima se convirtieron en la cola del alacrán, quería hacerme daño, dijo
que nunca me perdonaría y que deseaba con todas sus fuerzas verme muerta. Cuando
creí que era el colmo de lo que podía ver y escuchar, mientras en el piso de abajo las tías
canturreaban los éxitos rancheros del desamor, entraba por el pasillo Rodolfo. Los
puños se me cerraron, la piel se me erizó y tras una respiración profunda sentí
desde los pies el impulso necesario para despedazar a ese asqueroso. La morena
celosa se adelanto a frenar mi golpe – ¡éste es mi problema, sal de aquí!– dijo
como una fiera. el prometido no atinó más
que a esconder la cabeza detrás de ella y dar la vuelta atado a su espalda
mientras ambos giraban abriéndome el paso hacia afuera.
Esa
noche me refugié en el ponche de frutas y en el sueño abismal que provoca el
vino caliente. Ni un rastro de alacrán o cualquier otro bicho al otro día. Por
primera vez en la vida, hablé con mesura y calma. a las tías y a la abuela les
relate el episodio avergonzada, como siempre nadie quería escuchar, y mucho
menos de mi boca, tal desastre familiar. Cada uno hizo lo suyo para minimizar
el suceso y no herir la susceptibilidad de la novia que se ha ido inflando
conforme se acerca la boda. Hoy volvemos a nuestra casa, la mala racha que nos
hizo refugiarnos en la casa de la gran familia no ha terminado, pero ya fue
suficiente de tanto amor que desbordan esas ollas de guisos infinitos.
Fasciculo nro. 17 de la novela que el Club publica cada semana.
y como siempre, con la banda de sonido seleccionada por su autor, Bernabé Ferreyra.
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sección a
miré
el reloj.
las
once de la noche.
había
salido hace… media hora.
prendí
la televisión y miré un poco. comí un poco de fideos. hace tanto que no comía
que me cansó comer. me dolía la mandíbula y me salía sangre de los dientes.
las
doce menos cuarto.
las
doce menos cinco.
me
la pasé nerviosa.
esperé
y esperé, y a la una salí a la calle y caminé algunas cuadras. no sé a donde se
habrá ido. caminé y caminé y se me ocurrió acercarme al shopping. caminé a su
alrededor y escuché algunos gritos.
la
habían destrozado. la golpearon mucho. le rompieron costillas y le golpearon la
cara. llamé a las casas de esa calle y pedí que llamaran a una ambulancia.
Fasciculo nro. 16 de la novela que el Club publica cada semana.
y como siempre, con la banda de sonido seleccionada por su autor, Bernabé Ferreyra.
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Sección c
nos
sentamos en una plaza a comer pan. mirábamos las piedritas del suelo. comimos
con las manos sucias, hace días que no nos bañábamos.
dijo
hoy voy a conseguir mucha plata.
¿cómo?
me
miró con ojeras y lágrimas negras. dijo vi a un policía antes de encontrarte.
hoy a la noche quedate en algún lugar.
caminamos
por la ciudad y encontramos una casa con la luz prendida. fácil. sus dueños se
fueron de vacaciones o algo así. miramos para todos lados y nos colgamos. hace
mucho no nos bañábamos. nos acostamos en la cama del señor y la señora y
dormimos un poco. me levanté a las diez y cincuenta y cinco y le llevé el
desayuno a la cama.
sección b
quiero
volver a pasar días durmiendo con ella.
quiero
volver a eso.
a
la calma.
quiero
volver a no hacer nada más que mirar sus ojos porque estoy enamorada. quiero
volver a abrazarla porque no soporto estar ansiosa por todo. lloro todos los
días. fuera de esa casa era todo un invierno enfermo.
se
hizo de noche. sigo en este campito, mirando estrellas. llorando perdida entre
el pasto. y no acaba. todos los segundos son clavos jugando a llamarme. la
necesito porque no sé que hacer. ¿qué hago? ¿qué hago? quiero estar con ella.
quiero estar con ella. quiero estar mucho con ella. quiero agarrarme de su ropa
y no soltarla nunca. estuve toda esta noche pensando en ella. no pude dormir. la
extrañé mucho porque sentía que nunca la había visto. me sentía sola y ahogada.
se siente como cuando te taladran la cabeza o te meten en una picadora de
carne. ¿estas con otras personas? me abruma que ya no seas vos. negás la
ternura. solamente no quiero soltarte. quiero agarrarme de tu ropa y no
soltarla nunca.
las
cinco de la mañana. caminábamos por la calle. con frío. me sentía muy mal. me
sentía sucia y pobre. y con hambre. parecía una escena de esas películas de los
años treinta, cuando no había trabajo y la gente dormía en la calle. periódicos
volando por la calle llena de mugre. gente durmiendo en los bancos de la plaza,
enfermedades. la sensación de que el abandono nos va a volver locos.
había
pensado que se la llevaban, que la atrapaban, pero ana salió antes para
buscarme. al parecer la policía nos vio por las cámaras de seguridad, pero
siempre llegan tarde.
mientras
caminaba me preguntó como conseguí las pastillas mientra jugueteaba con ellas
con las manos llenas de mugre.
dije
hice algo horrible.
¿qué
hiciste?
tengo
sueño.
me
miró cansada y un poco preocupada. no tanto.
dije
lo mordí.
y
después dije lo mordí. y vomité.
no
la miré, pero me acuerdo que tuve la sensación de que ana me miraba y
proyectaba en mí cierta calidez maternal, algo que ahora sé que es
verdaderamente improbable pero que en aquel momento me reconfortó un poco. me
rodeó y sonrió. se sorbió la nariz y me dijo que teníamos que comer algo.
estas
manos frías robaron pan y fueron condenadas de por vida. estas manos frías
robaron frutas. estas manos frías. estas manos, estas.
no
se me ocurría como conseguir plata. traté de hablarle de eso a ella pero
cambiaba de tema. andaba deprimida. me dijo que la vida consiste en el
funcionamiento del cuerpo. que es similar al funcionamiento de una televisión o
una computadora o una licuadora. o sea que apreciar la vida es similar a decir
¡que bien funciona la tostadora! cuando dicen que la vida importa, ella ve en
realidad a una maquina que dura una cantidad limitada de años y luego se la
deshecha.
miraba
con los ojos en blanco al resto del mundo. yo estaba cansada porque hacía días
que no dormía, y eso destroza mi comportamiento. es mucho mejor vivir dormida.
así las ideas no se pierden. despierta no puedo hacer nada. despierta, los
fantasmas no vienen. despierta me pierdo, hay mucho que hacer, y mi universo pequeño
de cuentos mentirosos y traicioneros muestra sus dientes. sus colmillos no me
dejan. mucho trabajo, mucho trabajo. pero no. los cuentos están hechos para
cuando estoy dormida.
recordé
que cuando iba a la escuela me había enamorado de mi profesora y ella estaba
enamorada de la poesía.
en el intenso color de tu delineador corrido
en los charcos que esquivamos al caminar
en tu risa contenida
en mi risa a viva voz
en nuestros silencios incomodos
en el programado roce descuidado
de mi mano y tu jersey
solo en eso puedo creer.
me
levante y me dirigí al centro comercial. estaba muy aburrida y sola. no se me
ocurría qué hacer con nadie. honestamente, las cosas que sé que puedo hacer con
quienes conozco son muy limitadas. el mundo es muy limitado.
seguí
a los chicos brillantina. había un tal juanma, una tal romii, una tal jess y un
nerd al que le gritaban peter. no me acuerdo de todos, eran como diez.
por
unas horas todo parece paranoico. parece que todo vibra. la música hacía que la
cabeza de pedro (no me gusta su apodo) se retuerza y empiece a hablar de su nuevo
interés por la neurobiología y la neuro-electrónica, del tipo ese que se puso
un chip en la cabeza y de nuevas tecnologías para estimular las neuronas y así
producir tacto y olfato artificial, que es lo que ese llama la última frontera
del conocimiento científico. también me habló de algo así como inventar una
máquina que preserve al cerebro con vida, alimentándolo con todos los químicos
e impulsos que requiere para su funcionamiento, desligado del cuerpo, y así
crear algo como la “vida eterna”, que sería más bien una “elongación de la vida
en animación suspendida”. llegar a los doscientos años de vida del cerebro
humano común. quedé aturdida porque me costaba seguirlo y la música estaba
fuerte y yo estaba un poco nerviosa… el cuerpo me temblaba, no lo entendía.
cada pequeña acción me revolvía el estomago. es como en esos dibujitos que
están mal dibujados y a veces les ocurren desgracias como quedar encerrados o
tener insomnio, y son tan bizarros y grotescos y asquerosos y la completa
imposibilidad de resolver ese problema es tan asfixiante que empezás a tener
miedo de que te pase lo mismo y creas que ya no sos capaz de dormir nunca más o
que no podés seguir siendo parte de esta cadena claustrofóbica de hechos y
conocimientos y palabras y todo eso que crees que tenés que saber o hacer y
todo se junta y no podés salir, estás dentro de un auto sin puertas y te
desespera tanto que te olvidás de soltar el acelerador, no puedo creer que
todos sean unos fracasados menos yo, ves, ya estoy explotando, quiero salir de
este caparazón, y no dejás de decir cosas y cosas y cosas y cosas y te cansás y
cuando explotaste y pensás que la cosa ya pasó te das cuenta de que sigue y
sigue, no me acuerdo qué era concentrarse, y cambia de canción y él sigue
contándome y contándome, y yo le digo que todo eso es fascinante, consumista y
comunistas tienen las mismas letras, el poder no se corrompe porque su base es
la corrupción, qué interesante, pedro, ahora contame el cuento del caballo al
que le pusieron un cerebro humano, contame de la hipnosis a un hombre que
estaba muriendo, te lo conté, se moría y lo hipnotizaron, hablaba y todo, y
después de tres días lo sacaron del trance y la autopsia registró que había
muerto hacía un día y medio, se llama mesmerizar, no es tan divertido como
cuando congelamos cucarachas, y te habla y te habla, dentro de la cabeza hay un
“¡auxilio!” muy grande, ocupa una habitación blanca, me voy y le digo que estoy
mareada, pentotal sódico, amital sódico, trapanal, secobarbital, pentobarbital,
desoxiefedrina, MDMA, clorpromazina, pentotal, fenobarbital, barbiturato
dietílico, dietilmalonilurea, prolixin, haloperidol, difenhidramina, sos una
farmacia, me ahogaba, me atravesaba y me retorcía, me dolía tanto que ya no
podía aguantar los gritos y el ruido y las risas y la cara de idiota de jess o
de romii, las dos eran lo mismo, clorpromazina, pentotal sódico, trapanal,
desoxiefedrina, MDMA, amital sódico, secobarbital, pentotal, fenobarbital,
prolixin, barbiturato dietílico, pentobarbital, dietilmalonilurea, haloperidol,
difenhidramina, no me acuerdo cuales elegí.
salí
de esa mierda de lugar y caminé cruzando la niebla y las calles húmedas.
tuve
la sensación de que alguien me perseguía y corrí cinco cuadras hasta el
shopping.
salimos
de la estación abandonada, con nuestros cuerpos de sirenas nadando por la
ciudad, y la ciudad era hermosa. flotábamos de un lado a otro. nos quedábamos
sentadas en una plaza mirando para el lado en que el sol iba a salir.
el
mundo amanecía. las caras seguían apuradas. si seguía un minuto más en el mundo
de esas personas iba a morir. literalmente. desde afuera todo es más frágil.
veo a la gente caminar hacia donde no me interesa, y es como cuando a un perro
lo llevan a dar una vuelta y hace las mismas cosas. olfatea los mismos árboles
y orina en los mismos postes con toda tranquilidad porque ya se cansó de
sentirse estrangulado tratando de escapar.
miro
a los pájaros y tienen una mejor vida que muchos de nosotros. imagino que para
ellos ver la ciudad en buen estado o completamente destruida les da lo mismo.
imagino que no tienen un concepto propio del orden o del caos.
¿será
eso? ¿somos diferentes a los animales porque ordenamos y destruimos las cosas?
¿somos diferentes por tener intenciones? ¿somos diferentes por inventar
conceptos? somos los únicos malos. somos el enemigo.
siento
que este día gris está perdido. el cielo va desapareciendo. te voy a decir algo
del presente: estoy sentada en un campo mirando los pájaros, el cielo y el
pasto. estoy escuchando al viento y tengo frío. estoy en una cancha vieja de
futbol. hace rato que nadie la usa. el viento arrastra relojes y el tiempo sopla
fuerte y solamente pienso que todo esto es muy raro. soy de una cultura que
deja pasar el tiempo. no tiene sentido. ver los pájaros. verlos volar. comer.
picotear. dormir. es totalmente aburrido. a lo que suelo dedicarme es a dejar
que el tiempo se vaya. a estar en silencio. en ese entonces, tanto como ahora,
tenía la costumbre de arruinar el momento con pensamientos para tratar de
definir cosas que no sé de donde salieron. un pájaro es un pájaro, no es una
metáfora. una historia es una lista de hechos, no es una enseñanza.
viajábamos
en auto y era solo eso. un auto y dos personas. la ciudad era una ciudad y no
las ruinas de un imperio que nos quería controlar. y eso me molesta. pensé que
no era inocente. una piensa que es inteligente o conciente, pero en unos años
todas las cosas que decíamos se vuelven estúpidas.
me
dolía la espalda y un pie. me sentía enferma por el frío y además mis huesos
querían romperse solos. nunca más íbamos a dormir en un lugar así. era
preferible dormir en el auto. dimos algunas vueltas, cruzamos la ciudad. había
un shopping frente a un hospital. nos estacionamos y compré medialunas y
desayunamos en el auto. por la tarde nos metimos en el depósito del shopping y
robamos papel. después subimos a la terraza y abrimos los paquetes. ana se
sentó en el borde y empezó a tirarlos, pero se mareaba y me costaba sostenerla.
se durmió y yo también, y cuando quisimos bajarnos por la noche, me di cuenta
que no saqué la llave del auto, así que se lo llevaron. tampoco teníamos plata.
fue un error molesto pero yo confiaba que ana iba a conseguir más. no sabíamos
donde ir. volvimos a treparnos techo, mirando la ciudad desde arriba.
éramos
como dios, pero muerto de hambre.
el
mundo que creamos ahora se hizo raro.
dejamos
a nuestros hombres caminar libres por el mundo, pero crearon sus propias
prisiones.
cajas
gigantes de madera, hierro y piedra.
un
tejido de concreto que visten los caminos del mundo.
los
bajamos del cielo y ellos insisten en trepar rascacielos tratando de
alcanzarnos, tratando de tocar nuestros pies como si eso los pudiera sacar de
si mismos.
ellos
solamente quieren salir del lugar donde los dejamos para ser libres.
¿tanto
pueden odiar el mundo?
¿de
verdad es tan malo el mundo que les dimos?
pensamos
que lo habíamos hecho bien.
pensamos
que al humano le iba a gustar los bosques, los océanos, los desiertos, las
montañas, los árboles, los animales de los que dejamos que se sirvan para
alimentarse entre ellos.
¿hicimos
mal a los animales?
¿hicimos
mal a los cerdos, las gallinas, las ovejas, los frutos? pensamos
que siendo dios no nos equivocaríamos. ¿hicimos
tan mal a las personas? ¿hicimos
muy mal en hacer que las personas sean diferentes? ¿fue
un error tan grave?
a
veces nos gustaría que esas personas nos lo dijeran.
cuando
podíamos, sacábamos comida de los almacenes del shopping y por la noche
tratábamos de continuar con nuestras vidas como un dios que son dos personas
juntas mirándolo todo en la soledad. hablábamos pero nos daba la sensación que
nos da cuando nos pasamos el día hablando con nosotros mismos y pensamos que
nos estamos volviendo locos, que sufrimos de personalidades múltiples que se
llevan bien y que son autoconscientes. tiene sentido que dios sean dos
siamesas. somos agua. pienso que dios es el sol y el diablo es el fuego. el
diablo no es el mal, es la ilusión de dios, es un dios artificial. dios es el
sol. imagino que adoramos al dios sol porque cuando aprendimos a manipular el
fuego sentimos que lo traicionamos, que lo dejamos de lado. por eso se habla
tanto de fidelidad. el primer pecado fue traicionarlo. primero fue el huevo.
los primeros seres vivos se formaron en cadena y su forma de adaptarse al entorno
era muy rígida, con protocolos para nada maleables. en el momento en que uno se
volvía maleable, buscaba la forma de generarse un caparazón no para protegerse,
sino para dominar al menos un espacio del mundo. no siempre fuimos capaces de
distinguir entre nosotros y el ambiente que nos rodea. en el principio era el
mar y el cielo. el cielo azul era dios, el color original, la verdadera
naturaleza, y el mar era un espejo del cielo, no tenia color pero quería copiar
a dios, quería copiar su color original, dios era el creador y el hombre era
una burda copia de algo que no contenía nada más que color.
no
podía seguir así. no dormía para nada bien. me dolía mucho el hombro por dormir
de costado. siempre duermo boca abajo. caminé por el techo del shopping, eran
como las cinco de la mañana. el cielo era celeste oscuro y todo estaba húmedo y
frío me quedé parada, escuchando los pájaros, los autos, las gotas de lluvia,
el tren a lo lejos… cerré los ojos para escuchar, a ver qué más había. el aroma
de la lluvia me hizo recordar cosas. la verdad, cosas de la escuela. detalles.
en los días de lluvia el olor era el mismo que cuando cruzaba por el túnel bajo
las vías del tren. el mismo de cuando llegaba a clases tarde para no formar. hace
mucho que no pienso en la escuela. me cuesta acordarme de esas cosas. ya no me
acuerdo qué era lo que hacía para dejar pasar el tiempo.
mi
espalda cruje. ya no se sabe cómo funciona mi cuerpo. ana no sabe que siempre
me duele. no sabe que a veces me agarra una puntada en la vejiga. no sabe que a
veces me duelen las manos.
me
acuerdo de que una vez yo leía en el escenario y una amiga llamada Gaby me dijo
que un chico me miraba, y me acuerdo que me quedaba pensando qué era lo que
hacía la gente que yo consideraba interesante. sabía que no era salir de noche
a bailar y tomar alcohol porque no era divertido. el sexo me parecía algo
trillado. por dentro pensaba que debían estar haciendo otras cosas que yo no
sabía que existían o que se podían hacer. creo que lo interesante de esas
personas era que tenían secretos. y en mi cabeza funcionaba como si fueran las
personas más interesantes del mundo. quien sabe. lo más inteligente que podía
hacer de mi parte era hacer lo mismo que ellos. inventarme a mi misma como una
persona interesante. no sé bien de qué me sirvió eso, pero ya casi no importa.
la escuela terminó ahí y ya nadie se acuerda de nadie. apenas me acuerdo de mis
compañeros y chicos que me gustaban.
pienso
que todos nos preguntamos que estarán haciendo las otras personas de sus vidas.
tal vez por eso estoy escribiendo esto. porque pienso que a alguien le
interesa, que alguien quiere saber qué es lo que hice. y no sé qué responderle. se
había hecho de noche. nos iluminaban todas las luces de la ciudad. miles de
colores y texturas, miles de soles en la tierra. no había estrellas. parecía
que el cielo y la tierra habían cambiado de lugar. la cara de ana se iluminaba
de rojo intermitentemente por la luz de la antena. ella dormía.
bajé
del cielo y la dejé ahí arriba por un rato. caminé por las calles con las manos
en los bolsillos y con una mirada desolada. no podía creer la forma en que
estaba paseando por el mundo, caminando en la nada, sin nada que hacer, nada
que ganar, nada que perder, nada que ofrecer. escuché las sirenas de las
patrullas pasando cerca, gritándole a la noche, ahuyentando espíritus de
cientos de años, de salvajes que pisaron el suelo que se encuentra justo debajo
del concreto de la calle donde camino. el silbido de los colectivos y el motor
de los autos a lo lejos en forma de zumbido, como un manto sonoro parejo y
constante, como las olas del mar por la noche. como miles de personas
aplaudiéndole a una pared, o como miles de conversaciones de desconocidos en la
calle, o como miles de palabras que salen desesperadas de las bocas de los
escolares cuando llega el intervalo. un torbellino de ruido eterno, un fondo de
sonidos de grillos y otros insectos que nos arrullan hasta que cerramos los
ojos y dejamos que el mundo nos trague.
mis
pasos resonaron un buen rato. tenía mucho miedo. siempre le tuve miedo a la
noche. me senté frente a una cafetería un rato, mirando al cielo y a la poca
gente que pasaba. eso lo recuerdo bien. una pareja con olor a alcohol. un grupo
de amigos que me miraron y no dijeron nada. una pareja con dos niños chiquitos
y un bebé llorando. un grupo de chicos color brillantina que me invitaron a
bailar. una chica hablando por celular. dos chicos que empezaron a revisar las
bolsas de basura a pocos locales de distancia.